Un zumbido sordo se escapa de la arena color canela que, por el impulso de un sistema mecánico, cae sobre un anillo de plexiglás en el laboratorio parisino del físico Stephane Douady, que trata de desentrañar el misterioso cántico de las dunas. "Sólo unas decenas de dunas en el mundo cantan", principalmente en China y en el sur del continente americano, afirma el investigador del Centro Nacional de Investigaciones Científicas (CNRS) y jefe del laboratorio "Materias y sistemas complejos" en la Universidad París VII.
Desencadenada por las avalanchas de arena, cuando ceden las ventisqueras esculpidas por el efecto del viento, este canto de baja frecuencia parece relacionada con "la naturaleza y el tamaño de los granos", dice Douady. Según la escala manejada en el laboratorio, o sea unos centímetros cúbicos de arena desplazada, el cántico recuerda el ronroneo de los monjes tibetanos. En el desierto se convierte en un fuerte rugido, casi ensordecedor, que Marco Polo comparaba en sus escritos con redobles de tambores.
El físico del CNRS descubrió este fenómeno en el suroeste de Marruecos, donde su equipo estudiaba el desplazamiento de las barjanas, unas dunas en forma de media luna, todas del mismo tamaño, que por la acción de los vientos alisios forman "un río de arena que fluye hasta Mauritania, donde caen al mar".
Para examinar de cerca la arena de tonos ocres, los investigadores se trajeron una muestra dentro de sus maletas, en botellas de plástico. Querían verificar si el sonido se debía al movimiento de los granos en la avalancha.
Granos en movimiento
En la avalancha, los granos sufren una serie de oscilaciones, produciendo una onda cuya frecuencia está vinculada a la velocidad del movimiento. Pero este mecanismo no explica la potencia del sonido, afirma Douady. El canto de las dunas puede alcanzar en efecto los 100 decibelios, como la alarma de un coche. El equipo de Douady lo atribuye a una sincronización de todos los minúsculos granos de arena.
Han llegado a la conclusión de que el índice de humedad desempeña un papel, así como la forma de los granos y "un barniz que cubre cada uno de los granos de las dunas cantarinas", algo así como un depósito de arcilla y de calcita que los arqueólogos llaman "la pátina del desierto".