La prisión investiga si el empresario granadino pretendía vender alguno de los once teléfonos que tenía en su poder cuando fue descubierto por los funcionarios Todo el material ha sido confiscado y se le abre un expediente sancionador
Francisco G. G. es un empresario granadino de los que pueden presumir de vocación y devoción. Ni siquiera su ingreso en la prisión de Albolote ha podido evitar que continúe con sus negocios. Y para ello, no ha dudado en "colar" en su propia celda la tecnología necesaria para que su trabajo no se vea mermado mientras cumple condena. Aunque se trate de aparatos prohibidos que le han costado un expediente disciplinario por parte de los responsables de la centro penitenciario. Hasta once móviles -tres en su propia celda- y un ordenador portátil le han intervenido a este empresario.
Francisco lleva ya varios años en la prisión provincial de Albolote donde cumple condena por un delito de estafa. Este preso no se encuentra en el mismo módulo que el resto de internos, ya que goza de un "destino de confianza" en el departamento de ingresos y en régimen de segundo grado. Allí colabora con los funcionarios como auxiliar y «realiza funciones similares a las de un ordenanza», como explica el director de la cárcel, Nahum Álvarez. Y hasta la semana pasada, el comportamiento de este granadino había sido bastante bueno.
Además, el régimen especial le permitía disfrutar de un calendario de salidas al exterior de forma regular y por supuesto reguladas. Sin embargo, se ve que esos permisos no eran suficientes para llevar adelante su trabajo como autónomo, y debió optar por proveerse de algunas "ayudillas extraordinarias".
Tecnología punta
El director de la prisión explica que los internos pueden acceder al teléfono de forma programada pero que está totalmente prohibido estar en posesión de estos teléfonos móviles dentro de sus celdas.
«Es una de las tecnologías que los presos intentan introducir con más frecuencia», señaló Álvarez. Y Francisco debió lograrlo, porque le confiscaron tres teléfonos móviles dentro de su celda. Se encontraron además otros ocho aparatos en el interior de su coche, aparcado en el exterior de la prisión. Pero Francisco no sólo había logrado estar comunicado con el exterior a través del móvil, que es un aparato de pequeño tamaño. También había logrado introducir un ordenador portátil, que ya empieza a ser un objeto difícil de esconder. Cuando se le intervino el aparato, «alegó que no lo tenía habitualmente allí, sino que lo había metido esa noche», explicó Álvarez, y al parecer añadió que era para llevar los negocios empresariales que tiene en la calle.
El responsable del centro penitenciario de Albolote explicó que los internos pueden tener acceso a ordenadores, si así lo solicitan. «Le podemos facilitar uno desde la cárcel, pero nunca uno del exterior porque pueden introducir datos que vulneren la seguridad del centro», alegó Álvarez.
En este caso, Francisco decidió introducir él mismo el ordenador que necesitaba en lugar de superar todos los trámites hasta que la prisión le facilitara uno.
Investigación
Tras serle incautados los teléfonos y él portátil, la prisión le ha abierto un expediente sancionador y además están investigando si algunos de los móviles los había introducido para venderlos entre otros internos. Fuentes de la prisión señalaron que estos aparatos son unos de los bienes más codiciados dentro del centro y en el mercado negro pueden llegar a alcanzar un precio de hasta novecientos euros.
El dato que no ha trascendido es qué tipo de negocios ha gestionado Francisco desde la cárcel, aunque sí se ha confirmado que son en la provincia de Granada.
En cuanto a la posibilidad de que se hayan dado casos similares, Álvarez explicó que los presos pueden usar sus comunicaciones telefónicas y sus salidas al exterior para lo quieran, por supuesto para seguir trabajando. Sin embargo, un caso como el de este preso, que tenía todo el "kit completo" de un empresario en su propia celda, sólo puede darse si hay una relajación en el celo de los funcionarios.