Ronaldinho agitando sus manos con un saludo surfista, Riquelme con las suyas en las orejas o Pauleta desplegando sus brazos como alas son algunos de las celebraciones de gol clásicas que tendrá la Copa del Mundo de fútbol, un espectáculo extra que se podrá ver en Alemania-2006.
Improvisados o preparados, individuales o colectivos, los festejos de gol se convierten en una marca registrada que muchos aficionados terminan por imitar en los campos de juego de todo el planeta.
Foto ampliada
La foto de Ronaldinho con la camiseta del FC Barcelona y su puño cerrado pero con el pulgar y el meñique estirados, como un saludo surfista en una playa de Rio de Janeiro, patentó un forma más de exteriorizar la alegría brasileña asociándola a una cultura propia del país del fútbol, la playa y el mar.
Por su parte, Riquelme pone sus manos abiertas en sus orejas cuando mete un gol para responder a las críticas cuando todos olvidan lo malo en esos segundos de explosión. Un festejo que nació en la Bombonera de Buenos Aires cuando jugaba en Boca Juniors y lo rodeaban las críticas.
Muchos más festiva resulta la forma de celebrar un tanto de Pedro Pauleta. Sin licencia de piloto aéreo, el portugués hace carretear su 'avioncito' por el campo cada vez que marca.
Casi religioso es el rito del surcoreano Park Chu-youg, que se arrodilla y reza en agradecimiento por marcar. Con el mismo pensamiento pero con distinto gesto, muchos brasileños recuerdan a Dios al anotar, ya sea señalando el cielo con su dedo índice (Paulo Silas era el abanderado) o santiguándose.
Un contraste bien marcado frente a los saltos mortales de los jugadores de Costa de Marfil. La particularidad de esta celebración es que han logrado sincronizar sus cabriolas, acrobacia que patentó el atacante mexicano Hugo Sánchez.
Otro registro fue el que firmó el brasileño Bebeto en Estados Unidos-1994, cuando acunaba con sus brazos para celebrar un gol a pocos días de convertirse en papá.
Como el diminuto Bebeto, muchos futbolistas piensan en sus familias en esos instantes de locura. Algunos colocan el balón debajo de sus camisetas simbolizando el embarazo de sus esposas, como lo hizo alguna vez el italiano Francesco Totti; otros se la levantan para mostrarle al mundo la foto de sus hijos en una camiseta que llevan debajo o simplemente besando su alianza, como hace Raúl.
Italianos expertos en celebrar su gol son Luca Toni y Filippo Inzaghi. El artillero de la Fiorentina siempre se lleva la mano a la sien, mientras que 'SuperPippo' emprende una carrera eléctrica, alocada, con la boca abierta y llena de gol, aunque sólo sea por haber empujado un balón a la red.
El baile de gol ha sido una fórmula típicamente africana, con Roger Milla y su danza alrededor del banderín del córner en Italia-1990.
Alemania-2006 seguramente verá nuevas formas y también se perderá otras, como las piruetas magníficas del irlandés Robbie Keane o el saludo de matador del chileno Marcelo Salas.
A pesar de que son algunos instantes de locura, los futbolistas deberán mantener la cabeza fría, ya que ciertos excesos son penados por los árbitros con tarjeta amarilla, como suele suceder cuando se quitan la camiseta para ondearla y mostar otras debajo.
De hecho, la FIFA prohibió el uso de camisetas con inscripciones políticas o ideológicas para mantener al deporte rey fuera de las polémicas, dado que el campo es un escenario poderoso para mandar mensajes.
La idea es que los fotogramas agraden a todos, como ver montañas humanas, algún compañero de Thierry Henry 'lustrándole' las botas, para que las celebraciones brillen como un verdadero espectáculo en sí mismo.